Entrevista a HÉCTOR MARTÍN POZAS y familia

Entrevista a HÉCTOR MARTÍN POZAS y familia

Testimonio de Vida

Entrevista a Héctor Martín Pozas y Familia

Entrevista a HÉCTOR MARTÍN POZAS y familia

Héctor, un pionero

Nos entrevistamos con Héctor y con sus padres, Honorio y Yolanda, en un momento muy especial de su vida, puesto que el 1 de marzo cumplirá 50 años. Héctor vive con sus padres y tiene dos hermanos, uno mayor, Óscar, y otra hermana menor, María, además de 3 sobrinos.

Héctor nació en Valdecilla y, como tantos otros en aquellos años, sus padres no sabían que tenía síndrome de Down (SD). Varias personas notaron algo, la hermana del padre, una supervisora, pero nadie confirmaba el diagnóstico. Necesitaron de la intervención de la Dra. Mardomingo, que venía de investigar en Alemania, para que se le realizara un cariotipo en Madrid en el que se certificó lo que todos sospechaban: que tenía una trisomía regular del cromosoma 21. Pasaron más de 3 meses hasta que se realizó la comprobación.

A partir de ahí, siguiendo las indicaciones de la doctora, la madre comenzó el programa de estimulación en casa. A los 7 meses se ponía de pie en el parquecito y a los 14 meses comenzó a andar, algo que sorprendió a la doctora, pues nunca antes había visto andar a un niño con SD a una edad tan temprana. Les aconsejó que acudieran a una guardería “normal”, de niños sin discapacidad y allí comenzó, a los 14 meses, y se mantuvo hasta los 6 años. En ese momento, los padres comenzaron un peregrinaje por distintos centros educativos ordinarios, intentando que le admitieran, algo que no fue posible, ya que recibían argumentos de lo más variados, como la falta de profesorado especializado. De ahí que acabase escolarizado en diversos centros de educación especial, pasando por la Fundación Síndrome de Down de Cantabria, el Centro de Educación Especial Parayas, donde estuvo hasta los 18 años, y AMPROS donde se mantuvo hasta los 21. A partir de ahí se incorporó al programa de Empleo con Apoyo de la Fundación Síndrome de Down de Cantabria, en el que comenzó a trabajar al poco tiempo.

De su juventud mantiene gratos recuerdos del Centro Especial de Empleo de AMPROS, así como otras experiencias de esa época, como que tenía una novia, a la que acompañaba a la lancha, pues vivía en Somo, o que entonces fumaba, algo que dejó en poco tiempo, porque no le gustaba mucho.

En la actualidad Héctor trabaja en El Corte Inglés, en la sección de Deportes, aunque pasó algún tiempo en la sección de Discos. Se levanta a las 7:20 de la mañana, el primero de la familia, y se arregla y prepara su desayuno, para comenzar su jornada laboral, que discurre de 9:30 a 13:30. Sus tareas van desde preparar los traspasos, pedidos de otros centros o vía on-line que mandan a diversas ciudades, hasta preparar cartas de compra, pasando por el reciclado de cartones o plásticos. También hace tareas mecánicas como inflar balones o poner cordones y hormas al calzado deportivo. Estuvo también un tiempo moviendo cargamentos por medio de un transpaleta y durante la pandemia también se encargaba de desinfectar los vestuarios. Siempre voluntarioso, con frecuencia se ofrece a ayudar a sus compañeros. Eso sí, todos los días se toma su correspondiente descanso de 20 minutos, en los que el café es ineludible. A lo largo del día se llega a tomar hasta 5 cafés descafeinados que, por otro lado, le vienen bien pues tiene la tensión baja.  Héctor lleva 20 años trabajando y le gusta mucho su trabajo. Cuando le hablan de la posibilidad de jubilarse, algo que en su caso sería posible, siempre dice, de manera tajante, que él no se quiere jubilar.

Se lleva muy bien con sus compañeros del Programa de Empleo con Apoyo de la Fundación, con los que comparte 2 tardes a la semana. Es un referente para ellos, que se fijan en él, por su estilo personal pausado y su sentido común. Es uno de los más veteranos del grupo y le agradan las cenas y los viajes, en los que siempre mantiene sus rutinas diarias.

Héctor agradece las normas y las rutinas en su vida cotidiana. Su café de la mañana, su trabajo, su breve siesta de 15 minutos después de comer, sus paseos. Dos días a la semana acude a la piscina, en la que permanece cerca de una hora nadando sin parar. Le gusta oír la radio, ver la ruleta de la fortuna en la televisión o hacer sopas de letras. Lee el periódico y la prensa deportiva y está pendiente de las noticias, manteniéndose informado de lo que acontece, que más tarde encaja perfectamente en sus conversaciones cotidianas. En otro tiempo era socio del Racing, al que iba a ver al estadio viajando en tren desde su casa del pueblo de Rucandio. De carácter sosegado y tranquilo, es respetuoso y cortés, elegante y bien educado, pendiente, por ejemplo, de dejar su asiento en el autobús a quien lo necesite. De alguna manera su forma de actuar refleja el trabajo llevado a cabo por su familia durante todos estos años.

Porque es evidente que la influencia de su familia ha sido esencial para alcanzar las metas a las que Héctor ha llegado. La madre comenzó a enseñarlo a leer a los 4 años, con las cartillas y las caligrafías de Rubio, y a los 6 años ya leía. Le enseñó también el manejo del dinero, consciente de su importancia, primero con la peseta, más tarde con el euro, siempre con dinero real, con monedas, de manera que ahora él se acerca a la cafetería y pide y paga su café o hace compras diversas. Recuerda la madre como de pequeño, con 6 o 7 años, en su piso de Monte, le dejaba que bajara a jugar al parque y le veía desde el balcón, o le mandaba a hacer recados, a comprar pan o fruta, a la tienda de Enrique, con el que habían acordado previamente que le dejara pagar con las monedas que llevaba.

Sus padres, con una mentalidad abierta, impropia de la época en que nació, como ellos mismos dicen “siempre lo hemos considerado como un hijo más y así lo hemos educado” y “le sacamos a la calle desde el principio”. Su enfoque educativo ha sido siempre de “libertad controlada”, lo que supuso, por ejemplo, que a los 16 años le dejaran ir solo al cine Los Ángeles a ver una película. Por eso, han intentado que siempre se moviera en entornos ordinarios y asumiera diversas responsabilidades relacionadas con su autonomía cotidiana: estar pendiente de su vestido y su aseo, recoger la ropa, echarla a lavar, etc.

Esa naturalidad con la que siempre fue acogido en su familia ha permitido que le acogieran con normalidad en los diversos entornos en los que se ha movido, escolares, laborales, sociales o de ocio. Al preguntarles qué mensaje transmitirían a otros padres con hijos pequeños con SD, insisten en que les dejen tomar sus propias decisiones, que les den libertad, que piensen en sus hijos, no en ellos mismos, para que lleguen a ser lo más independientes posible. A fin de cuentas, darles libertad les hará libres.